jueves, 21 de mayo de 2009

Déjate Amar - Lasciati Amare

Fuente: SOR ISABEL DE LA TRINIDAD, OBRAS COMPLETAS. Traduc. Manuel Ordóñez Villarroel, Monte Carmelo, Burgos 2004.

DÉJATE AMAR
[Últimos días de octubre de 1906]

También este tratadito -Déjate amar– es una carta. Una especie de carta-testamento que sor Isabel escribió para su priora, la Madre Germana, durante los últimos días de su vida. Lo hizo lentamente, conforme se lo permitía su debilidad física. Por expreso deseo de sor Isabel, la Madre Germana tenía que leerla ante su féretro. ¡Cuántas veces la leería después en la soledad de su celda! Según la tradición del carmelo de Lisieux, a veces hablaba de esta carta, pero no se la dejaba leer a nadie.

Sor Isabel se la entregó dentro de un sobre pequeño, hecho por ella misma. En el anverso tenía por titulo: «Secretos para nuestra Reverenda Madre«, por detrás estaba lacrado con cera roja. La escribió trabajosamente, utilizando dos hojas de papel cuadriculado que dobló antes en dos. Y la escribió a tinta, curioso y bien significativo detalle: las cartas y billetes del último tiempo de su vida las escribía a lápiz, las dirigidas a Ia priora las escribía a tinta.

Esta carta estaba dentro del cajón de la mesa de la Madre Germana. Se la encontró allí después de su muerte. El sobre está amarillo por la acción del tiempo.

Se diría que es una carta solemne. Escrita por alguien que es profundamente consciente de que la está escribiendo en un momento sumamente «grave y solemne» de su vida -a Ias puertas de la eternidad- y de que no puede «perder el tiempo». Es más, una carta escrita para decirle a su priora «lo que Dios, en horas de profundo recogimiento y de trato unificador, le ha hecho comprender». Al hacerlo, sor Isabel la humilde se siente «portavoz de Dios».

Tal vez la priora le había confiado -o tal vez sor Isabel había intuido- sus temores a no saber guiar bien a su comunidad, o sus inquietudes interiores ante la pregunta que Jesús le hizo a Pedro: «Simón, ¿me amas más que estos?» (Jn 21,15) y que ahora le hace a ella. Sor Isabel abre otro camino a la respuesta: lo que importa no es si TÚ lo amas, sino que te dejes amar por ÉL; en el amor, el protagonista no eres tú, sino Jesús. Déjate amar, déjate amar, déjate amar, le repite. Déjale a ti amarte. Porque «81 la ama más que a éstos».

Y déjese amar también por mí un poquito desde el cielo. Usted ha sido para mí en la tierra una madre e incluso un sacerdote: deje que yo sea para usted, desde el cielo, su. madrecita y su sacerdote.

Déjese amar. Sea -así- en la tierra una prolongación de lo que usted me ha enseñado a ser a mí: una Alabanza de gloria al Dios que mora en lo más hondo de usted.

Y no tenga miedo: «Él lo hará todo en usted».

A la Madre Germana de Jesús
Priora de la comunidad

(Otra edición: Carta 301 Monte Carmelo, 3era Edic.)

J.M. t J.T.
1. Madre querida, mi sacerdote santo2:
Cuando lea estas líneas, su pequeña Alabanza de gloria ya no cantará en esta tierra, sino que vivirá en el inmenso Hogar del amor. Usted podrá, pues, creerla y escucharla como si fuese «el portavoz» de Dios.
Madre querida, yo quisiera decirle todo lo que usted ha sido para mi. Pero la hora es tan grave, tan solemne.,., que no quiero perder el tiempo diciéndole cosas que creo que las empequeñecería si quisiera expresarlas en palabras.
Lo que va a hacer su hija es revelarle lo que siente, o, para decirlo con mayor verdad: lo que su Dios, en horas de profundo recogimiento y de trato unificador, le ha hecho comprender
2. «El Señor la ama enormemente»3. La ama con aquel amor de predilección que el Maestro tuvo aquí en la tierra a algunas personas y que las llevó tan alto. El no le dice como a Pedro: «¿Me amas más que éstos?» [Jn 21,15]. Madre, escuche lo que a usted le dice: «Déjate amar más que éstos!»4. Es decir, sin temer que algún obstáculo pueda ser obstáculo para ello, pues yo soy libre de derramar mi amor sobre quien me plazca.
Déjate amar más que éstos»: ésta es tu vocación. Siendo fiel a ella, me harás feliz, pues así ensalzarás el poder de mi amor. Y ese amor podrá rehacer lo que tú hayas deshecho. «Déjate amar más que éstos».
3. Si usted supiera, Madre amadísima, con qué evi- dencia percibo los planes de Dios sobre su alma... Se me presentan con inmensa claridad, y comprendo también que allá en el cielo voy a ejercer a mi vez un sacerdocio sobre su alma. Es el Amor quien me asocia a la obra que El realiza en usted... ¡Qué grande, Madre, y qué adorable es esa obra por parte de Dios! ¡Y qué sencilla para usted! Y eso es precisamente lo que la hace más luminosa.
Madre, déjese amar más que los demás. Eso lo explica todo y evita que el alma se asombre...
4. Su pequeña hostia, si usted se lo permite, pasará su cielo etilo más hondo de su alma: la mantendrá a usted en comunión con el Amor y creyendo en el Amor, y ésa será la señal de que morará en usted. ¡En qué gran intimidad vamos a vivir!
Madre querida, que su vida transcurra también en el cielo, donde yo cantaré en nombre suyo el Sanctus eterno. Yo no haré nada sin usted ante el trono de Dios: usted sabe muy bien que yo llevo su impronta y que algo de usted ha comparecido con su hija ante el Rostro de Dios. Le pido también -usted me lo ha permitida- que no haga nada sin mi.
Vendré a vivir en usted, y entonces yo seré su madrecita: la instruirá, para que mi visión beatifica le sea de provecho, para que usted participe de ella y para que usted también viva la vida de los bienaventurados...
5. Madre adorada, Madre predestinada para mí desde toda la eternidad5, al partir, yo le lego la que fue mi vocación en el seno de la Iglesia militante y que ejerceré en adelante sin cesar en la Iglesia triunfante: ser «Alabanza de gloria de la Santísima Trinidad»6.
Madre, «déjese amar más que éstos». Así quiere su Maestro que usted sea alabanza de gloria. Él se alegra de poder construir en usted, mediante Su amor, para Su gloria. Y quiere hacerlo Él solo, aunque usted no haga nada para merecer esa gracia, a no ser lo que sabe hacer la criatura: obras de pecado y de miseria... Él la ama así. Él la ama «más que a éstos». Él lo hará todo en usted y llegará hasta el final. Pues cuando Él ama a un alma hasta ese punto y de esa manera, cuando la ama con un amor inmutable y creador, con un amor libre que todo lo transforma según su beneplácito, ¡entonces esa alma volará muy alto!
6. Madre, la fidelidad que el Maestro le pide consiste en vivir en comunión con el Amor, en desaparecer y arraigarse en ese Amor que quiere sellar su alma con el sello de su poder y de su grandeza.
Usted nunca será una del montón si vive alerta al Amor. Y en las horas en que lo único que sienta sea abatimiento y cansancio, aún le seguirá agradando si permanece fiel en creer que Él sigue actuando, que Él la ama a pesar de todo, e incluso más, porque su amor es libre y es as( como quiere ser ensalzado en usted. Y entonces usted se dejará amar «más que éstos».
Eso es, creo yo, lo que quieren decir esas palabras... ¡Viva en lo más hondo de su alma! M( Maestro me hace comprender con toda claridad que ahí quiere hacer maravillas. Dios la ha llamado para rendir homenaje a la Simplicidad del Ser divino y para exaltar el poder de su Amor.
Crea a Su «portavoz» y lea estas líneas como venidas de ÉI.

Notas:

1 Sor Isabel de la Trinidad repetirá hasta la saciedad en Ias cartas que escribe durante Ios últimos meses de su vida que su Madre priora, la Madre Germana, la cuida como una verdadera madre y no se separa de la cabecera de su cama. En esta carta que le escribe pocos días antes de morir, le dirá una vez más qua no tiene palabras para agradecerle todo lo que le debe.
La Madre Germana habla nacido el 29 de enero de 1870 en Dijon. Pertenecía a una familia noble y distinguida. Ingresó en el carmelo de Dijon el 15 de octubre de 1892. Recibía el hábito el 6 de abril de 1893 e hizo su profesión religiosa el 24 de septiembre de 1894. Era supriora de la comunidad cuando ingresó sor Isabel de la Trinidad, y ejerció simultáneamente los cargos de priora y de maestra de novicias desde octubre de 1901 hasta 1907. Murió repentinamente después de comulgar, el 30 de noviembre de 1934. Se habla quedado sola en el coro, dando gracias, y, al observar la comunidad que no regresaba a la celda, fueron a buscada y la encontraron sin conocimiento. Ya no pudo recobrarlo. Habla sufrido una trombosis cerebral.
Nadie como ella intuyó las excelentes cualidades de que estaba dotada sor Isabel. Fue una gran religiosa y una madre, como afirmaba su hija predilecta. Era un alma de oración y contemplación, amante del silencio interior y del recogimiento externo, fiel celadora de la observancia regular.

Poseía un perfecto equilibrio de facultades. Era una Inteligencia lúcida, sus criterios eran seguros, tenía un corazón dotado de fortaleza y ternura a la vez. Todos estos dones de gracia y de naturaleza hacían de ella una superiora Ideal.

Esta carta, escrita menos de dos semanas antes de su muerte, es un verdadero testamento, un pequeño tratado, por la que, siguiendo el criterio de Conrad de Meester, la editamos aquí, entre sus tratados espirituales, con el titulo de Déjate amar.
2 Al final de su vida, é sor Isabel le gustaba llamar ami sacerdote. a su Madre priora. ésta la había ofrecido a Dios al recibir sus votos el día de la profesión y sor Isabel quiere que la ofrezca de nuevo al Señor al dejar este mundo.
3 Sor Isabel escribe estas palabras con letras más gruesas; luego, escribirá le palabra .deja. con letras algo más grandes. Por eso, lo pondremos todo ello en negritas.
4 La frase de sor Isabel responde a un estado de alma frecuente en la Madre Germana. Estaba obsesionada por la Idea de que habla sido infiel a su vocación por no responder puntualmente a las llamadas divinas. Sor Isabel quiere tranquilizarla e infundirle paz y serenidad.
5 Es una expresión de entonación sublime, que se hizo realidad durante el tiempo que sor Isabel vivió en el Carmelo de Dijon. La Madre Germana fue elegida par Dios para orientar y dirigir a ésta alma predilecta. Fue una Madre de paz, que supo pacificar el espíritu de su hija en Ias crisis de escrúpulos que padeció. Fue un océano de paz para ella en el largo calvario de su enfermedad que destruía implacablemente su cuerpo. La Madre Germana no se separo un momento de su lecho de enferma mientras sor Isabel le necesitó. En la hora de su agonía, le cogía cariñosamente la mano, demostrándole con ese gesto humano que no se encontraba sola en el momento supremo de su vida.
La Madre Germana le debe a sor Isabel el ser también ella una Alabanza de gloria de la Sant(sima Trinidad. Ella recordó siempre a sor Isabel con ilusión de madre, llamándola ml hija. Escribió de rodillas los Recuerdos, que recogen Ias virtudes y la vida ejemplar de sor Isabel. Era el homenaje que la Madre elegida por filos desde toda la eternidad tributaba a su hija en este mundo.
6 Cf Ef 1,12. Escrito con caracteres más gruesos.

Italiano: B. Elisabetta Della Trinità. OPERE. Edizione italiana a cura di Luigi Borriello. Paoline, Milano 1993.

Lasciati Amare *
(fine ottobre 1906)

J.M. J.T.

1.- Mia cara Madre, mio santo sacerdote,

quando leggerà queste righe, la sua piccolo, 'Lode di gloria non canterà più sulla terra, ma abiterà nell'immenso Focolare dell'amore; potrà dunque crederle e ascoltarla come fosse «il portavoce» del buon Dio.. Madre cara, avrei voluto dirle tutto ciò che è stata per me. Ma l'ora è così grave, così solenne.:, che io non voglio attardarmi a dirle cose che crederei diminuire volendole esprimere a parole. Ciò che desidera fare la sua figlia è rivelarle ciò che sente o per dire meglio: ciò che il suo Dio le fa comprendere nelle ore di raccoglimento profondo, di contatto unificante.

2.- «Lei è straordinariamente amata», amata di quell'amore di preferenza che il Maestro ebbe per alcuni e che li portò così in alto. Egli non le dice come a Pietro: «Mi ami tu più di costoro?»'. Madre, ascolti ciò che le dice: «Lasciati amare più di costoro, cioè senza temere che alcun ostacolo si frapponga tra noi, perché io sono libero di riversare il mio amore su chi voglio! Lasciati amare più di costoro, questa è la tua vocazione, e, restando fedele ad essa, tu mi renderai felice, perché glorificherai la potenza del mio amore. Questo amore saprà supplire alle tue mancanze: Lasciati amare più di costoro».

3. Madre carissima, se lei sapesse con quale certezza comprendo il piano di Dio sulla sua anima; mi appare come in un'immensa luce, e io comprendo che lassù compirò a mia volta un'opera sacerdotale sulla sua anima. E l'Amore che mi associa alla sua azione in lei: o Madre, com'è grande, adorabile da parte di Dio! Com'è semplice per lei ed è proprio ciò che la rende così luminosa! Madre, si lasci amare più degli altri, ciò spiega tutto e impedisce all'anima di sbalordirsi...

4. Se lei glielo permette, la sua piccola ostia passerà il suo cielo nel fondo della sua anima: ella la terrà unita all'Amore, credendo all'Amore; questo sarà il segno della sua abitazione in lei. Oh, in quale intimità allora vivremo! Madre cara, che anche la sua vita si svolga nei cieli, laddove canterà in sud nome il Sanctus eterno: io non fare, nulla senza di lei dinanzi al trono di Dio; lei sa bene che porto la sua impronta e che qualcosa di lei stessa è comparsa con la sua figlia dinanzi al Volto di Dio. Anch'io le chiedo di non fare nulla senza di me, lei me l'ha permesso: Io verrò a vivere in lei e questa volta sarò la sua piccola Madre: io la istruirò, perché Ia mia visione le sia utile e anche lei possa parteciparvi e vivere la vita dei beati!
5. Madre venerata, Madre consacrata per me dall'eternità, partendo le lascio quella vocazione che fu la mia nel seno della Chiesa militante e che ormai adempirò incessantemente nella Chiesa. trionfante: «Lode di gloria della Santa Trinità» (2). Madre, «si lasci amare più di costoro»: è così che il suo Maestro vuole che lei sia lode di gloria! Egli gioisce di poter edificare (3) in lei con il suo amore e per la sua gloria, ed è lui solo che vuole operare (4), quand'anche lei non avesse fatto nulla per attirare questa grazia se non ciò che è proprio delle creature: opere di peccato e di miseria... Egli l'ama così, egli l'ama «più di costoro», egli farà tutto in lei, egli andrà fino in fondo: per-ché quando un'anima è amata da lui a questo punto, sotto questa forma, amata di un amore immutabile e creatore, di un amore libero che trasforma come a lui piace, oh, quanto si eleva quest'anima!

6. Madre, la fedeltà che il Maestro le chiede è di essere in comunione con l'Amore, è di passare in lei, di radicarlas in quest'Amore che vuole segnare la sua anima con il sigillo della sua potenza, della sua grandezza. Lei non sarà mai banale se resterà vigilante nell'Amore! Anche nelle ore in cui sentirà solo il peso schiacciante e l'abbattimento, sari gradita a lui se sarà perseverante nel credere che egli continua a operare, che egli l'ama anche allora e più ancora: perché il suo amore è libero, ed è così che egli vuole glorificarsi in lei; e lei si lascerà amare «più degli altri». È questo, io credo, il significato delle sue parole... Viva nel fondo della sua anima! II mio Maestro mi fa luminosamente comprendere che è proprio lì che vuole create cose adorabili: lei è chiamata a rendere omaggio alla semplicità dell'Essere divino e a magnificare la potenza del suo Amore. Creda al suo «portavoce» e legga queste righe come inviate da lui.
[Elisabetta rafforza sua idea con una lunga citazione della beata Angela da Foligno. Si tratta di parole indirizzate da Gesù o dallo Spirito Santo alla stessa beata] (6).


7. «Oh, io ti amo, io ti amo più d'ogni altra persona che sia in questa valle!...
Sono "io" che vengo e ti porto la mia gioia sconosciuta..., io penetro nel profondo di te.
O mia sposa! Io mi sono fermato e riposato in te; ora fermati e riposati in me!...
Amami! Tutta la tua vita mi piacerà, visto che tu mi ami!... Io farò in te grandi cose, io sarò conosciuto in te, glorificato in te, magnificato in te!...».

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* È la L 337 indirizzata a madre Germana di Gesù.
1. Gv 21,15.
2. Cfr. Ef 1,12.
3. Cfr. Col 2,7.
4. Cfr. Ef 1,11.
5. Cfr. Ef 3,17
6. Cfr. Angela da Foligno, o.c„ pp. 59-61; cfr. Il libro della beata Angela da Foligno, Ed. Paoline, Cinisello Balsamo (MI) 1991, pp. 60ss.